pre-último día
Hoy es el penúltimo día que paso en las oficinas de Ogilvy, aunque espero que no sea el último penúltimo.
Resulta que después de haber estado enferma toda la semana (es más, creo que sigo enferma, ni siquiera sé de qué. Hay varias teorías entre las que destaca esa necesidad del cuerpo de regresar a su lugar de origen, al lugar que lo vio crecer... no sé todavía), por fin me he sentido un poco mejor. No sé si sea porque se acerca el fin de semana y los fines de semana hay que sentirse bien, o si sea una simple reacción de me-estoy-dando-por-vencido de mi cuerpo al tan odiado aire acondicionado. Y no me canso de decirlo, odio el aire acondicionado de estas oficinas... ¿no pueden comprender que hay gente con un umbral de frío muy bajo, como Val o como yo? El respeto al derecho ajeno es la paz, como diría el buen Ben, de la imagen de arriba o abajo o a la derecha, porque aún no entiendo cómo acomodar las imágenes en el blog, una disculpa inmediata.
Volviendo al tema del adiós, me parece una cosa difícil, a nadie la gusta, pero es necesario. Es el símbolo de que algo termina, pero al mismo tiempo, de que algo más empieza. Ese algo que empieza es nuevo y lo nuevo siempre nos gusta, porque ninguna persona lo ha usado, nadie lo ha tocado y huele a limpio y fresco, es como estrenar una playera-a-la-moda.
Casi me voy, pero no. Seguiré escribiendo otro día.
Justine







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